Podría sentarme aquí y ahora y despotricar de ti de tus
muertos. Vomitar todo el odio, la rabia y la ira que he acumulado para que te
atragantes, te ahogues o te pudras con ello. Porque desde estas líneas te deseo
lo peor de ahora en adelante, que no nos volvamos a cruzar ni en este ni en
otro camino. Que te evapores solitario y miserable en la más absoluta nada.
Te hablo a ti, conductor que se cree amo y señor del
asfalto, opositando en cada curva para temerario mayor mientras la muerte, la
fortuna o qué se yo, te gestiona unos
créditos de más, un rato de propina para que le fastidies la vida a otro. Y tú
tampoco te escapas, ciclista sabelotodo que crees que te escuda una especie de
yelmo invisible que soporta cualquier cosa cuando la verdad es que eres más
vulnerable que nada. Cabalgas a tus anchas por el asfalto, por el camino,
indiferentemente mientras maldices a cuanto conductor te adelanta como si el
código de circulación vial llevara tu firma de puño y letra.
Y tu, corredor kamikaze, tampoco te quedas atrás. Tú que
presumes de rutas imposibles a horas intempestivas declinando llevar prendas
que ayuden a que te vean por miedo a que
te estropeen esa dichosa fotografía que colgarás en tu perfil de cualquier red
social a la espera de que a base de coleccionar ‘Me gustas’ y comentarios
consigas llenar el vacío que hay en tu vida. Esa vida que te empeñas en
recortar, de imprudencia en imprudencia, mientras señalas que la culpa no es
tuya, que la culpa es de otros. Otros que quizá no pagarán un precio tan alto
como el tuyo si un día el “casi” se convierte en “no pude hacer nada”. Mientras
a ti te toca saldar cuentas con el silencio y la nada absoluta, aquel que no
tenía ninguna culpa deberá cargar con el inaguantable peso de haberte
gestionado un billete en primera clase al otro barrio sin acuse de recibo. Os hablo a todos los que os empeñáis en transgredir la norma y hacéis que nuestro hobby se convierta en una partida de ruleta rusa.
Pensaba que el cabreo se me pasaría llegados al cuarto
párrafo pero no, todavía sigo mosqueado. Este lunes, sobre las 22 horas, casi
me atropella una motocicleta mientras cruzaba un paso de peatones en la rotonda
de Via Ronda que va hacia Malbúger. Iba corriendo con el perro cuando he visto
que venía una motocicleta, una 49CC para colmo. Ingenuo de mi he pensado que
tenía preferencia al tratarse de un paso de cebra y he seguido aumentando el
ritmo para dejar atrás cuanto antes el trocito de asfalto. El Valentino Rossi
de pacotilla, en lugar de frenar, ha acelerado intentando cruzar antes que yo,
para evitarse tener que parar dos segundos, lo que tardo en dar una zancada
con mis patas largas. Las prisas –Imagino que llegaba tarde para ver Pokemon,
Dora la Exploradora, Bob Esponja o la bazofia televisiva que se inyecta la canalla
hoy en día antes de largarse a sobar- y la humedad le han jugado una mala
pasada y casi acaba en el suelo mientras frenaba y la rueda trasera perdía
estabilidad. Por ahorrarse dos miserables segundos…
Me ha fastidiado un entreno en el que ya de por sí estaba
mosqueado. Nuevo lunes con horario lamentable, trabajo de las 8 a las 15 horas,
con una reunión posterior de trabajo que me ha dado un margen de 40 minutos
aproximados para comer y reemprender el rumbo hacia el máster donde he pasado
cuatro horas más.
He llegado a casa con la imperiosa necesidad de soltar las
piernas después de hacer de speaker durante más de 4 horas el domingo en la
Mitja Marató. Me lo pasé genial a pesar de que no pude correr. Ando todavía
renqueante de molestias varias y aunque podría haber corrido, preferí descansar
para poder afrontar esta semana de forma distinta. Ya que estoy, os pido
disculpas a los que me pudiese equivocar al citar vuestro nombre, creo que no
fueron muchos pero hay que hacer más grande el dorsal y las letras. Con todo,
espero que lo pasarais bien en vuestro gran día.
A nivel técnico, hoy han tocado unos ocho kilómetros a un
buen ritmo, sin reloj, por sensaciones. ¿Cómo se hace esto? Fácil, si mientras
vas corriendo la sensación es que no puedes más, es que lo estás haciendo bien.
Por lo demás, todo en orden y con ganas de pegarme una buena
tirada el finde si el cuerpo me da una tregua. Y si ningún motoratón del
espacio se empeña en darme matarile antes de hora.

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