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martes, 28 de octubre de 2014

Latigazos en el culo y en la moral. Una mala racha

En la vida de todo deportista, amateur o profesional, hay un antes y un después de la primera pinzada en el culo que te deja, sin saber muy bien porqué, limitado de movimientos y por momentos, presa del pánico, indefenso. En mi caso, imagino, es el cúmulo de notas negativas que revienta como si de un grano de pus se tratara pringando por doquier.

Como habrás notado por mi peculiar tono optimista del principio, no están siendo unas semanas fáciles. Después del subidón que me dio el buen entreno de El Toro ahora voy cosechando malas sensaciones, dolores y dudas que no hacen sino alejarme de mi primer gran objetivo del 28 de febrero, la Trail de Formentera.

Imagino que el día a día en el que alterno unas siete horas de trabajo con cuatro horas de máster, un ratito para comer y llegar a casa sobre las 21.30 hecho papilla y tener que ponerme a hacer los deberes ayuda a que en los entrenamientos no rinda, tenga un sueño desproporcional y no me apetezca nada salir a trotar. En lo único que pienso es en dormir hasta que el cuerpo me diga basta. Los que me conocéis mejor sabéis que no me gusta nada dormir, que prefiero madrugar y aprovechar el día así que imaginaros cómo estoy.

 
Otro aspecto en el que estoy teniendo un rendimiento lamentable es en el tema de la comida. Me apliqué muy bien durante todo el mes de septiembre después de las fiestas de Gràcia y hasta mediados de octubre todo fue de lujo. No sé si os ha pasado pero el hecho de ir de culo día a día hace que tenga más hambre, imagino que por los nervios, y que sea capaz de comerme dos bocadillos para desayunar, comer mucho y mal, merendar en Ca Na Maruja varias pastas (es el local que me pilla más cerca de la Universidad en Alaior) y luego me dé otro festín antes de dormir. Al menos llevo un mes y medio sin comérmelas uñas. Imagino que eso también influye. Con Xavi Martos, mi coach de FX Advance,hemos tratado el tema del comer en la última sesión y tengo que mejorar, básicamente, en la respiración, hacer unos ejercicios que me tranquilicen y hagan que disfrute del hecho de comer sin preocuparme de nada más. Que disfrute de la comida sin más. Ojalá funcione.
Pero como os comentaba el colmo fue el sábado por la tarde-noche. Iba hacia casa andando por la calle cargado con una bolsa de la compra que apenas pesaba cuando de golpe, me pegó un latigazo en el culo que me produjo un dolor punzante que me llegaba hasta el talón del pie izquierdo. Lejos de ser algo puntual, el dolor se fue incrementando hasta el punto de que el cuerpo me iba para atrás y no podía hacer nada para remediarlo. Peor se puso cuando allí, tal que una estatua de las Ramblas en Barcelona, pasaron dos jóvenes que me miraron burlándose. No me podía mover y mucho menos defenderme de sus risas. La situación fue realmente patética.

El dolor menguó sensiblemente pero el domingo, que tenía previstos 30 kilómetros de trail me tocó reposo absoluto. El dolor, lejos de largarse con otro, cambió la nalga izquierda por la derecha aunque en menor grado. Fue soportable. Pero me toca las narices que a una semana de la Mitja Marató deMenorca tenga la sensación de que no solo no he ganado nada en estos meses de entrenamiento sino que he perdido todo lo acumulado en los últimos cuatro años desde que corro.


La parte positiva es que he estrenado calzado nuevo. Clara me ha regalado por mi cumple -29 ya- unas Nike Vomero, unos auténticos guantes para los pies, con los que únicamente te tienes que preocupar de ir respirando porque de las zancadas se encargan ellas. Las he bautizado Kilo y Metro. Son bonitas como ellas solas. A ver si un día os hago un post con el calzado y el equipo que suelo llevar. 

En fin, os dejo que el culo me empieza a doler. Hoy he dejado a un lado las molestias y he hecho un entreno de intensidad. He salido desde la plaza Eivissa hasta Sant Lluís a 70-80 por ciento y he vuelto en 51 minutos. Los pulmones bien, gracias, pero las piernas algo pesadas. Igual que el culo. Y la moral. Pero qué se le va a hacer.

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