Vistas de página en total

martes, 18 de agosto de 2015

Se levanta el telón... De nuevo

En la Cursa del Toro hubo más de 1.000 participantes
mientras que en la de la Lluna Plena llegamos a los 1.200.
Y el fofito simpático del micro es un servidor.
Se levanta el telón y aparece un muchacho que pesa más de 100 kilos y que en algún tiempo se dedicó a esto del correr y que ahora le dedica más tiempo al micro. ¿Cómo se llama la película? 'El glotón simpático'. ¿Y el nombre del actor? Dino Gelabert-Petrus.

Así es, después de cuatro años, he conseguido comer deliberadamente hasta regresar a los 100 kilos. 101,7 para ser croquetos. Quiero decir concretos. Oficialmente peso una tonelada. Así se entiende lo pesado que resulto alguna vez ejerciendo de 'speaker'. Sí, lo sé, encima de fondón me he vuelto algo gracioso y vago.

A lo que íbamos. Se levanta el telón un 17 de agosto y el escenario está vacío. Vacío de retos deportivos, se entiende. Hoy he arrancado mi temporada como corredor y lo he hecho con una salida de más de una hora en la que mi único objetivo ha sido empezar a depurar todo lo que llevo bebido y comido este verano. El sábado, sin ir más lejos, coqueteé con un kilo de solomillo de ternera además de sus ganchitos, sus doritos con salsa, pimientos de Padrón, patatas con mayonesa y demás. Es la tónica. Comer, comer, comer y volver a comer. Creo que me quedé en unos 800 gramos de deliciosa carne para mi solo.

En lo que va de verano me ha tocado hacer de 'speaker' en la Cursa Benéfica del Toro, en la de la LLuna Plena y en la travesía de Macaret. Aquí con un grupo estupendo de gente. El problema es que cuando me toca micro no me tocan kilómetros.
Con esta rutina en la que la isotónica que me suele acompañar en los últimos meses se basa solamente en cerveza, puedo afirmar todo lo orgulloso que uno pueda estar que en un año aproximadamente he engordado unos 6 ó 7 kilos. Falta de entreno, comer mucho y mal, nervios, estrés y dejadez han propiciado que mi cuerpo presente el peor estado en los últimos cuatro años. Me atrevería a afirmar que incluso seis pero no lo recuerdo muy bien.

Es cierto que llegué a pesar 114 kilos pero entre la tripa asomaba algún músculo que daba margen para que me autoengañara. Jugaba a rugby en Barcelona con otros que eran más altos, más fuertes, más rápidos y más pesados que yo y necesitaba una dieta que por entonces flirteaba en exceso con la comida basura (Trash food es una expresión que me ha gustado siempre).
El pasado jueves participé en la cronoescalada de
la Ermita de Ferreries sin haber entrenado y
casi me da un síncope. Terminar supo mejor que cualquier
medalla o trofeo.

El exceso de cosas ha propiciado que dejara abandonado este blog hasta arreglar ciertos asuntos que ahora me dejan más margen de maniobra para entrenar, correr, ponerme en forma y meterle una patada al Dino vago para que se vaya a tomar por culo. Y en eso estamos. Es más, en eso me he puesto.

A diferencia de hace un año cuando imbécil de mí me fijé el reto de correr la trail de Formentera (la hice), Serra de Tramontana (Estuve lesionado y por trabajo tuve que renunciar) y la Camí de Cavalls (la lesión y la falta de entrenos hicieron que renunciara), este año me lo planteo de otro modo. Mi objetivo es llegar a 95 kilos.

Imagen de mi primer entrenamiento.
Tiempos muy malos, mucho calor y
saliendo a probar qué tal.
Quiero reorientar mis comidas, mi rutina y mi entrenamiento para encontrarme bien físicamente. No me fijo en mente ninguna competición en concreto porque la experiencia del año pasado me ha demostrado algo que sabía pero que creo que olvidé en algunos momentos: "Para correr primero hay que saber andar". O como dice el anuncio de Aquarius, me vine muy arriba.

De momento arranco la temporada solo, sin nadie que me asesore ni me guíe y basándome un poco en las sensaciones que muestra mi cuerpo. No es lo ideal pero creo que le he exigido mucho al cuerpo y considero que lo conozco mínimamente para poder encarar las primeras semanas a solas.

De nuevo os invito a esta aventura en la que compartiremos kilómetros, aventuras, anécdotas y, porqué no, algo de música. Aquí os dejo un tema que lleva semanas rondándome en la cabeza y que me acompaña en estros primeros kilómetros de la temporada 2016-2017.




martes, 17 de marzo de 2015

Una aventura por la Formentera salvaje. CONSEGUIDO.

A poco de llegar al kilómetro 40, con el
faro de la Mola al fondo.
Lo hice. Me zampé los 75 kilómetros de la Formentera Trail All Round 2015 con una alegría y un estado de forma sorprendente. Os prometo que al acabar me sentía tan bien y con tantas fuerzas que hubiese seguido corriendo un rato más, si no fuera por el kilo y medio de arena que arrastraba en las zapatillas del último e inacabable tramo de playa. Pero qué puñetas… ¡Cómo me divertí! Todas las penurias que he pasado rascándole horas al tiempo para salir a trotar, durmiendo poco y mal y todo lo que hace realmente difícil dedicarse a este deporte desde el aspecto más amateur que conozco valieron la pena. Vaya si valieron…










 La llegada a Formentera en sí ya supone una auténtica odisea. Parece mentira que solamente para ir de Menorca a Formentera tenga que coger dos vuelos y un barco y tardar, aproximadamente seis horas. Es el tiempo que pasé en el aire yendo de Barcelona a Dubai. Y además, ya sabéis la tirria que le tengo al tema de volar y de coger aviones.

Formentera presentaba un aspecto precioso este año.
Eolo, el dios del viento, se lo tuvo a bien conmigo y cuando todo parecía que iba a hacer un mal tiempo de narices, rebajó el listón para que el vuelo de Menorca a Palma fuera tranquilito. Además compartí rato con los corredores Antonio Gálvez, Zori Gomila y Vanesa Ruíz, los tres un verdadero encanto. Con ellos comimos ya en Palma una deliciosa ración de ‘trash food’ de aeropuerto y casi perdemos el vuelo comentando la jugada.

Eolo me dejó tirado en el segundo vuelo ya que en Eivissa preparó unas rachas de tres pares de narices que movieron el avión de lo lindo. Lo mejor fue que en el asiento de salida de emergencia el que tenía al lado y yo nos debatíamos en una feroz lucha por ver quién de los dos estaba más acojonado. Un percal… No articulamos palabra hasta que las ruedas tocaron el suelo pero durante el vuelo bastaron las caras para decirnos todo lo que necesitábamos oír.

Yendo a Formentera.
En Eivissa la hermana de Antonio nos llevó hasta el puerto donde tomamos un ferri hacia Formentera. A diferencia de 2013 cuando vine por primera vez, el mar estaba muy calmado ya que el viento y la mala mar estaban al otro lado de la Isla. Como podéis ver en el video grabado con el móvil, había viento pero no olas. En el ferri me encontré con María, una amiga mallorquina que conocí hace unos años en Menorca, y que se había apuntado a los 39KM con un grupo de amigas muy simpáticas con las que compartimos consejos, nervios, alegría y pizza.

Una vez en Formentera, primer gran error, viajar sin el carnet de conducir. Menos mal que Víctor Truyol es un encanto, además de un buen amigo, y cogió el coche él dejándomelo. Y menos mal porque el apartamento que alquilé estaba tan lejos del puerto que por momentos pensé que ni siquiera estaba en Formentera… Eso si, estaba en primera línea de mar en una playa preciosa por la que al día siguiente iba a pasar cagándome en todo lo imaginable. Aproximadamente kilómetro 28-29 de la carrera.

Lleno total en el brieffing. Más de 400 participantes.
El briefing estuvo bien, ameno, aunque había tanta gente que la carpa se quedó pequeña y muchos no tuvimos sitio y tuvimos que seguirlo como buenamente pudimos desde fuera. Después, opté por comprar un poco de pasta, atún y tomate para cenar en el apartamento, donde había televisión pero no sintonizador de TDT… Qué bien viven los hippies en esta isla. Además, para que os hagáis una idea, la vivienda era rollo Cuéntame, antigua pero con encanto. Preparé todo el material que me tenía que llevar al día siguiente y me tumbé pensando que los nervios no me dejarían dormir… Qué equivocado estaba. Por primera vez en muchos meses, me quedé dormido antes de las 12. Y no veáis lo bien que dormí.


YA EN LA CARRERA.

La playa de Migjorn, las vistas desde el apartamento que alquilé
Me desperté con tiempo, a las 6 de la mañana, desayuné y pasee un poco por la playa antes de ir a la línea de meta. De tan relajado que estaba, casi llego tarde. Una vez allí, las piernas tiraban un poco imagino que por los nervios. Me encontré con Antonio, Zori y Vanessa, así como con Zeus y su novia. Me hizo gracia porque fui a clase con Zeus en el instituto y creo que ninguno de los dos nos hubiésemos imaginado por aquel entonces corriendo este tipo de pruebas. Nos hicimos la foto de rigor y nos deseamos mucha suerte.
Vanesa, Antonio, Zeus y yo. Foto hecha por Zori.
Con los nervios, casi me olvido de encender la GoPro… Supongo que en unos días colgaré el vídeo ya que todavía tengo que descargarlo, editarlo y colgarlo. Os enteraréis, no os preocupéis.

La salida a las 8 en La Savina, coincidiendo con el sol, fue espectacular. Deliciosa. Sentí una absoluta felicidad porque después de cuatro meses durísimos en los que llegué a pensar en arrojar la toalla me encontraba allí haciendo lo que quería aunque pensaba que quizás no lo suficientemente preparado. “Ningú t’espera a meta, tens 14 hores per córrer 75 kilòmetres i t’aniràs trobant avituallaments per lo que només t’has de preocupar d’anar tirant… Disfruta perquè t’ho mereixes”, creo que me dije antes del pistoletazo de salida. Y eso hice.
S'Estany d'es Peix, una maravilla para correr.

Antonio, Vanesa y yo salimos juntos desde un primer momento, pero Antonio tenía en mente hacer tiempo por lo que pronto se escapó. Yo me quedé con Vanesa y me convencí de que aguantaría hasta que el cuerpo me frenase. Los primeros kilómetros son espectaculares, la mejor vista en la que he corrido, en el Estany d’es Peix. Una laguna tranquila y transparente en la que es fácil correr y poco a poco vas cogiendo sensaciones.

Los primeros 20 kilómetros del trazado son bastante corribles aunque por momentos te metes en camino de piedras sueltas que te hace andarte con cuidado con las pisadas. El camino no está marcado como el Camí de Cavalls sino que se hace con tiras rojas y blancas de obra que el viento esconde con demasiada facilidad, un aspecto a mejorar por parte de la organización.

Foto con el gran Víctor Truyol en el primer avituallamiento.
Como las piernas y el cuerpo me pedían tute, aguanté el primer tramo con Vanesa a un ritmo de unos 5.15 creo, muy por encima de mis posibilidades. Pero lo aguanté bien y por momentos pensé en seguir toda la carrera a ese ritmo hasta dónde llegase pero en el primer avituallamiento pensé en disfrutar como a mí me gusta, compartiendo la experiencia con fotos en Facebook, charlando con los voluntarios (ÁNGELES DE LA GUARDIA sin los que nada de todo esto sería posible) que salvaguardan cada punto de parada… Por lo que le deseé toda la suerte del mundo (Hizo un carrerón y acabó segunda en féminas...ENHORABUENA!!) y me quedé con Víctor, comentando la jugada y colgando la primera foto a los piés de una de las torres de defensa.

Aquí lo estaba pasando realmente fatal. Mucho calor,
principio de deshidratación, la arena no me dejaba correr
y se me hizo eterno. Además pasé por delante del
apartamento... menos mal que no llevaba las llaves encima.
Después vino lo complicado. Tras un tramo de camino con piedras, tocó meterse por varios barrancos en los que no se podía correr y se castigaban muscularmente las subidas, sobre todo en los cuádriceps, un aspecto que como siempre no tengo suficientemente entrenado. Ese esfuerzo sumado al del inicio y al asfixiante sol que ya lucía sobre las 10 de la mañana propiciaron que bebiera mucho, muchísimo, y me quedé pronto sin agua y sin que me pudiera entrar nada de comida, a unos 7 kilómetros del avituallamiento, cuando se cambió la roca por la arena. Además, no tener agua creo que me afectó en la orina y me empezó a salir de un tono marrón preocupante. Estaba en la playa de Migjorn.
Chiringuito en el que en 2013 me comí una de las mejores
hamburguesas de mi vida...
En Es Caló des Morts, kilómetro 32.1, me entraron los calambres, las malas ideas y tampoco ayudó el hecho de pasar por delante de mi apartamento ya que no estaba disfrutando y no podía correr. Pensé que para retirarme bien, tenía que llegar al siguiente punto y más porque no llevaba la llave de la casa encima, estaba en el punto 40.4 aproximadamente. Caminé mucho hasta el avituallamiento y una vez allí me senté a meditar qué hacía. Mentalmente estaba seguro de que no había entrenado suficiente pero después de todas las complicaciones no quería arrojar la toalla. Me merecía intentarlo más allá de los límites, así que me hidraté todo lo necesario, me obligué a comer, charlé con los voluntarios y me armé de valor después de aplicarme un poco de radiosalil a las piernas. Efecto placebo o no, la cuestión es que funcionó. Reanudé el rumbo con un compañero de Mallorca Evasión Run, creo, que tenía problemas estomacales y fuimos a un ritmo flojo.

El tramo hasta el siguiente punto era una cuesta por pista larga y sin sombra pero poco a poco fui recuperando el optimismo y las ganas de correr hasta el punto de ir adelantando corredores. Llegué al faro de La Mola donde todo lo veía más claro y con muchas más ganas.

Uno de los boles de pasta y los sanitarios atendiendo
a un corredor al fondo en una carpa improvisada. Hubo varios
golpes de calor.
Me regalé dos boles de pasta con aceite que me dieron vida mientras veía a un corredor se desplomaba y tenía que abandonar la carrera con un golpe de calor. Después de lo que me había pasado entre el 28 y el 32 la verdad es que me dio muy mal rollo. Tras la pasta, como si de un menú de carretera se tratara, me comí un par de pastelitos de bollería industrial de postre, me cambié la camiseta y enfilé la segunda parte de la carrera como si la primera parte no contara.

El segundo tramo de carrera pasa por unos acantilados preciosos... Al fondo, Es Caló.
Y estoy muy orgulloso, no lo negaré. No por los 12 o 13 corredores que adelanté en esos 34 kilómetros sino por cómo reaccionó mi cuerpo y, sobre todo, mi mente. Me sentía muy bien físicamente y mentalmente, con ambición de seguir corriendo, de avanzar y disfrutar con cada zancada. Lo bueno de ese tramo es que corres en lo alto de un acantilado y las vistas son espectaculares, lo malo es el suelo. De hecho, un compañero asturiano con el que corrí un rato se pegó una buena leche con una raíz traicionera aunque pudo seguir.

Torre de Punta Prima.
Pasamos por roca, tierra y luego asfalto, con una bajada por una vía romana en la que volé hasta llegar al avituallamiento de Es Caló, donde Víctor me dio ánimos como siempre. Me quedaba pasar un rato de arena hasta llegar a la Torre de Punta Prima, en el kilómetro 58 y el último punto de recarga hasta llegar a meta.

Los últimos 13 kilómetros se repartían en 8 de arena y el resto de pista. En 2013 los de arena se me hicieron eternos, recuerdo que tenía la sensación de que no avanzaba y en esta ocasión llegaba más fuerte mentalmente y con la satisfacción de haber superado la pájara del principio. Ir adelantando corredores también te da fuerza así que prácticamente corrí toda la arena hasta llegar al control de chip en el final de la playa de Ses Illetes.

Una vez allí reconozco que sentí algo de pena y nostalgia. Me sabía mal lo poco que me quedaba de tiempo de carrera pero a la vez tenía ganas de saborear de nuevo esa adictiva sensación de cruzar la meta. El coraje pudo a los sentimientos y empecé a correr desde allí hasta la meta. Fui superando corredores que antes me habían adelantado lo que hacía que aumentara progresivamente el ritmo. Me sorprendí, lo admito, porque no soy un corredor competitivo pero en ese momento quería seguir corriendo para adelantar a gente que iba visiblemente cansada.

Me acordé de mi padre, como sucede cada vez que hago algo especial en mi vida. Me acordé de su memorable frase “Si t’has apuntat ho has d’acabar” i me lo imaginé allá arriba con su cigarro brindando a mi salud con un “ditet de gin, d’aquell que no fa mal”.


Por si a alguien le interesa el tiempo que tardé.
Cruzar la meta fue especial. Ver como se cumplen tus objetivos después de unos meses muy difíciles y saborear de nuevo el sabor de la superación personal… Estoy enamorado de Formentera y lo reconozco. Pero no de la Formentera turística sino de la salvaje, de la que te ofrece una ruta sin marcar, la que te exige superarte ante la adversidad, la que te obliga a ser mejor de lo que te imaginabas. Ni os imagináis lo feliz que me hace correr.









Cuando cumples tu objetivo te sientes como un súper héroe.

Esta carrera me ha enseñado que no importa lo complicado que se pongan las cosas, con actitud positiva y verdaderas ganas de superar cualquier problema, podemos ir siguiendo hacia adelante porque nadie dijo que todo esto iba a ser fácil...

jueves, 26 de febrero de 2015

Este sábado se levanta el telón... Llega FORMENTERA 2015!

En la Compressport Trail dels Fars hice de 'speaker' y entrevisté a Nuria Picas
En un entrenamiento con el incombustible Jaume Pons en Galdana
Se levanta el telón y se ve a un corredor cagándose por la pata abajo de los nervios. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película? Dino se va a correr los 75 kilómetros de la Trail de Formentera. El día ha llegado y no hay milongas que valgan. El objetivo, te lo prometo, es el de disfrutar al máximo, olvidándome que corro contra un cronómetro y deleitándome con una ensalada de zancadas que me llevarán por caminos, asfalto, algas y arena, sobre todo mucha arena.

Parece mentira pero ese día que tanto temía ha llegado casi por sorpresa. Mi vida ha cambiado lo suficiente desde que en julio o agosto -no lo recuerdo muy bien- cometí la insensatez de embarcarme, un año más, en esta tontería de correr mucho. Los cambios han obligado a reorganizar mi vida y creo que puedo decir sin miedo que donde veía el reto de tres trails -Formentera, Serra Tramuntana y Camí de Cavalls- en realidad han sido cuatro. Dividir las 24 horas del día entre las labores del hogar, las más de siete horas de trabajo diario y las casi cinco horas de máster y encontrar tiempo para entrenar aunque fuera a horas intempestivas y con la reserva de ganas bajo mínimos ha sido un propio reto en sí. Y más cuando, además, le he tenido que sumar un número incalculable de horas haciendo trabajos para el máster.

Conversando con Pau Capell una persona a la que admiro en todos los sentidos 
Por todo ello es normal que me entren las dudas y las piernas crujan. Estoy nervioso y el hecho de que estos días haga un temporal -uno más- con vientos a tropecientos kilómetros por horas y olas de destrucción masiva no ayudan a que me calme. Más que nada por aquel insignificante detalle de que no me gusta volar en avión y este viernes debo tomar dos (Menorca-Palma-Eivissa) y luego un ferry hasta Formentera.

Grupo de voluntarios con las enfermedades raras
Tengo muy frescos los recuerdos de cuando vine a correr en 2013. Por entonces la preparación fue mejor, más constante diría, pero no tenía la experiencia que tengo ahora. Cada llegada al avituallamiento me servía para abrazarme a una silla y flirtear con la idea del abandono. Además, en aquella ocasión no viajé solo, y esta vez si que lo haré. Me acompañará, a lo sumo, la GoPro por la que podré ir comentando la jugada, el móvil con el que iré colgando algunas fotos en carrera en mi perfil de Facebook para que compartamos la experiencia de algún modo.

No todo ha sido correr últimamente... También me he unido a una iniciativa solidaria de concienciación sobre enfermedades raras y tuve la suerte de presentar una gala en el Teatre Principal de Maó. Creo que la gente se lo pasó bien.
Sé que no tendrá ni un cuarto de la mitad del mérito que tuvieron los valientes de la Compressport Trail dels Fars (CHAPEU POR TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS!!!) pero me alegra cambiar un rato el micrófono por las zapatillas porque aunque parezca mentira, me disteis mucha envidia el domingo.

“Oye, Dino, y de motivación, ¿cómo lo llevas?” Pues bastante bien, gracias. Me apetece mucho correr la carrera pero desde ya te digo que voy a ir a disfrutar porque me servirán como vacaciones. Después de desconectar 14 días en verano, del tute entre máster-trabajo y de dormir muy poco, este sábado será una especie de regalo a mi mismo. Un rato en el que preocuparme exclusivamente de correr y no partirme los dientes en alguna caída.

Las 50 sombras de Dino & Pi. Típico entreno a las tantas.
Llegado este momento, a pocas horas de empezar el reto, no me queda más que dar las gracias a todos los que me habéis animado, a los que me habéis desanimado, a los que habéis tenido la paciencia de aguantar todo este rollo y a los que de alguna manera sé que me mandaréis apoyo desde Menorca. Y en especial a Xavi Martos, de FX Advance, por el trabajo que hemo s hecho y aunque últimamente nos hemos tomado con calma las sesiones porque mi horario no da para más, no me cabe la menor duda de que será una de las primeras personas en las que pensaré cuando cruce la meta.

La parte teórica del Máster ya ha acabado, ahora me tocan las prácticas y entregar el proyecto final.

Porque que no te cabe la menor duda, estaré nervioso pero cruzaré la meta. Al precio que sea.

martes, 17 de febrero de 2015

Soy mi peor enemigo y me he puteado

Escribir con el calentón y el subidón que produce el haber salido a entrenar un rato y acabar haciendo el doble de los kilómetros previstos resulta más fácil. De entrada porque la tinta que utilizas, aunque sea cibernética, está condicionada por esa sensación que te recorre el cuerpo y que te hace sentir, de alguna manera, invencible. La verdad que una dosis de optimismo no me viene nada mal a poco más de una semana para enfrentarme a los 75 kilómetros de Formentera.

Llevo unos días dándole vueltas a un tema, me he equivocado. Desde el principio hasta el fin. He metido la pata en un pozo tan hondo que cuantas más vueltas le doy, más claro lo veo. He fallado en el planteamiento del reto de raíz, he querido ir mucho más allá de lo que en realidad debía. Plantearme hacer las tres trails –Formentera, Trail de Serra de Tramontana y Camí de Cavalls- así, como el que hace la lista de la compra del súper, es una vacilada.

Los que me conocen saben que acostumbro a tener los pies en el suelo en todos los momentos. Por ejemplo, cuando alguien me para por la calle y me dice que le gusta mucho como escribo u otro me dice que se lo pasa muy bien conmigo cuando cojo un micrófono y le doy al palique. Son comentarios que agradezco de corazón pero que no me sirven para mucho puesto que no me los tomo demasiado enserio. Me alegra que lo que hago guste pero no me cambia la forma de ver el día. A veces incluso me dicen que peco de humilde, pero a mi me gusta ser y pensar así, que no hago nada especial ni nada fuera de lo normal sino que simplemente hago lo que debo esforzándome y entregando lo mejor de mi.

Por eso, cada vez tengo más claro que lanzarme a comentaros que haría las tres trails así, a bombo y platillo fue un error. Le falté el respeto a las tres pruebas, le falté al respeto a cada kilómetro del trayecto, le falté al respeto a los que preparan minuciosamente cada prueba trabajando por un objetivo concreto y, me fallé a mi mismo.

Cuando empecé a correr lo hice como una afición para disfrutar. Poco a poco fui ganando distancia y perdiendo peso mientras disfrutaba como un enano con cada zancada. Meterme en este embolado ha hecho que algunas zancadas no las disfrutase, precisamente. Ha hecho que correr o salir a entrenar se convirtiera en una obligación cuando debía ser algo similar a una fiesta. Me ha hecho cambiar y eso, en definitiva, no me gusta.

Ahora no hay vuelta atrás, tengo la inscripción para Formentera y para Mallorca y no creo que me rinda sin intentarlo porque creo que lo lamentaré profundamente pero me gustaría que la motivación que me llevara a estas pruebas fuera la de hacerlas porque me hace feliz y no porque en una maldita tarde de julio me vine tan arriba que le falté el respeto a todo lo que le podía faltar. Me cubrí de gloria.

Ahora se me hace particularmente muy difícil dejar a un lado esa especie de sentimiento de culpabilidad que me rodea después de todos los esfuerzos que he hecho. No lo he tenido fácil para entrenar y he sacado tiempo de dónde verdaderamente no lo hay sacrificando muchas horas de sueño que al final me acababan pasando factura. No quiero, tampoco, pensar que todo ese esfuerzo ha sido en balde porque, aunque considero que he fallado, en el fondo no me lo merezco.

Siento que aquel reto que tanta ilusión me hacía no hace tanto, se ha convertido en una carga que me ha condicionado la preparación y que ahora no puedo quitarme de encima ni para descansar un rato.


Sí, lo he pasado mal y sé que no es culpa tuya porque, parafraseando a cualquier topicazo deportivo con el que acostumbraba a trabajar “la presión se la pone uno mismo”. Y en este caso creo que he sido mi peor enemigo. Al menos, el enemigo más hijo de puta. En fin. Nadie dijo que fuera fácil…

jueves, 22 de enero de 2015

Lo siento. Te he fallado.

Vale. Lo siento. Mil o dos mil perdones. Sé que llevo días saltándome nuestra cita pero las cosas se han complicado de un tiempo a esta parte. Como sabrás, me apunté a un máster que me exige más tiempo del que me imaginaba y las fórmulas matemáticas que debo aplicar para cuadrar los horarios con la jornada laboral hacen que o no entrene o entrene mal. Porque sencillamente hay días en los que me despierto a las 7 de la mañana y entre curro y clases no paro hasta las 21.30... Con una hora para comer mal y rápido. Pero en el fondo no me quejo porque: 1- No es mi estilo. Y 2- Cuanto más difícil estén las cosas más disfrutaré al final logrando mi objetivo.

¿Y si tanto tiempo llevabas callado, para qué te dejas caer hoy aquí y ahora? Primero para disculparme por fallarte. No habrá vídeo hoy tampoco, aunque tengo uno preparado desde noviembre que seguramente colgaré en el próximo post. Otra excusa es que son la 1 de la mañana de uno de esos días maratonianos que te explicaba (he dormido apenas 5 horas, he trabajado desde las 9 a las 14 horas, de las 16.30 a las 21.30 he estado en el Máster y de las 22 a la 1 de la mañana he tenido que volver al diario a completar mi jornada laboral) y en estos momentos cuando estoy a solas en la redacción acostumbro a ponerme música que me acompañe. Sirve para calmar la fiera que llevo dentro y que lleva un buen rato encabronada porque hoy tampoco he cumplido con el plan de entrenamiento previsto que consistía en correr mucho y rápido.
Para calmarla, a veces me pongo ritmos más animados y otras apuesto por canciones 'noñas', de esas con las que te sientes identificado. No os explicaré qué viene a decir ahora aunque si que os diré que es una de Joan Dausà, un cantautor catalán que he descubierto mucho estas Navidades (casi tan bien como los turrones) y que últimamente me acompaña mucho. Habla de cosas tristes e imposibles, de decisiones que quizás tomaste en algún momento y de qué habría pasado si hubieras apostado al otro caballo ganador, y hasta aquí puedo escribir. La de hoy es una melodía sencilla, bucólica de esas que te lleva tan y tan hondo que cuando te das cuenta, no puedes hundirte más y la única opción que te queda es la de levantarte y volver de nuevo a escalar. Huir hacia adelante. Mirarle a los ojos a la vida y decirle aquello de que por muy difícil que me lo ponga, saldré adelante. Que no será bonito, que no será fácil pero sin duda valdrá la pena. Susurrarle que "Nobody said it was easy..." y todas esas cosa que se dicen sin decir.

Así que si has aguantado hasta aquí la lectura, sin fotografías y sin vídeos te tendré que recompensar de alguna forma. Intentaré desde este ordenador destartalado y cansado de escribir noticias tristes robarte una sonrisa, una sonrisa más... Ahora que no nos lee nadie, te confieso un secreto: No estoy preparado ni para terminar la Ultra de Formentera, ni la de la Serra de Tramontana ni, por supuesto, los 185 kilómetros de Camí de Cavalls. No he entrenado lo que debía, no he adelgazado lo que pensaba y no he conseguido, al menos de momento, todo lo que me había propuesto. Habrá quien que se alegre de mi miseria, de verme desnudo ante un reto que antes de empezar ya se me ha quedado grande, porque otros muchos se visten con la envidia que es un traje que le queda ideal a cualquiera. Desgraciadamente.

Puede que estas palabras, que empiezan a ser muchas -Lo siento, de nuevo- estén marinadas por la melancolía musical que me acompaña pero me doy cuenta que entre tantas dudas, entre el cúmulo de inseguridad que me abraza, de la infinidad de capas de "debería haber hecho..." arde una llama diminuta. Una pequeña luz que, a pesar de su tamaño, ofrece un calor intenso. Habrá quién lo llame pasión. Y es esa pasión la que me empuja a afrontar el próximo 28 de febrero la Trail de Formentera con más corazón y cojones que cabeza, una estrategia que tendré que repetir en la Trail de la Serra de Tramontana y, ni falta que hace decirlo, en los 185 kilómetros de Camí de Cavalls. ¿Y sabes qué? Que cada vez que me vacío corriendo, que lo doy todo y acabo exahusto de donde no debería quedar nada surge, otra vez, esa pequeña llama. Ese fuego que me empuja cuando lo normal sería enviarlo todo a paseo. Y confío que será ese fuego, ese abrazo sincero, el que me lleve en volandas hasta cualquier meta que se me ponga por delante. En una carrera y, por supuesto, en la vida.

Porque sino, ni tú estarías aquí ni yo le habría puesto de nombre a este proyecto #DinoHero. ;)

jueves, 4 de diciembre de 2014

Runoterapia o el arte de mandarlo todo al carajo

(Escrito en algún momento entre día 24 y el 27 de noviembre) No hay mejor gasolina para el entrenamiento que un buen cabreo o, en su defecto, un auténtico día de mierda. Experimentar en carnes propias uno de esas jornadas que parecen inacabables y que vienen estupendamente aderezadas con triple ración de trabajo, correctamente gestionada, puede ser la excelente antesala de uno de los mejores entrenamientos. Y si alguien no piensa igual, que deje un comentario en el blog y lo debatimos.
Mi tesis no se basa en la facilidad que tenemos cuando nos agobiamos en mandarlo todo al carajo, enfundarnos las zapatillas y echarnos a la carretera o al camino. Mi reflexión, la de que enojados rendimos más y mejor, viene precedida de una sencilla explicación: Cuando más nos ofuscamos o más se empeña el mundo en tocarnos las narices, en nuestro interior el otro yo que deambula se empeña en largarse al paradiso. A ese lugar especial donde, no sabemos todavía demasiado bien porqué, somos otras personas y de lo más felicies entre kilómetros, zancadas y geles energéticos.

Los que me conocen saben que no soy de enfadarme. O al menos no de mostrarme enfadado, sino que interiorizo los mosqueos para invertirlos posteriormente en una tirada más o menos larga. Como la de esta noche. Este martes pasará a los anales de la historia como uno de los puñeteros peores días de mi existencia. Empezando por las más de siete horas de trabajo ininterrumpido y continuando con cinco horas de clase de máster, también sin pausa para desperezar el culo del asiento. Entre y entre, afortunadamente, he tenido 30 minutos para engullir la comida y largarme a Alaior a la UIB.

Si a esto le añadimos, como colofón, que la materia que se ha impartido ha sido lamentable a nivel organizativo como de entretenimiento (chuparse 18 exposiciones del tirón pueden provocar muerte encefálica y unas ganas de asesinar a alguien tremendas), el resultado es que me calzo las Vomero y le doy al asfalto, la única medicina natural que cuanta más te tomas mejor te sientes. Y así ha sido, unos 8 kilómetros a poco menos de cinco minutos el kilómetro con algunas subidas.

En realidad el cabreo no viene solo del martes. En realidad todo empezó el domingo cuando regresamos de pasar el fin de semana en Barcelona. El panorama de conexiones aéreas es tan lamentable en Menorca que la única empresa que conecta con la ciudad condal es Vueling y lo hace, literalmente, como le sale de los cojones. No solo porque te pide lo que quiere, a la hora de comprar el billete, sino que luego te hace viajar en un trasto que en algún momento de su anterior vida fue un avión.

Alguno sabrá que no soy demasiado amigo de volar y si encima me vienen a buscar a Barcelona con un avión viejo, con un montón de sillones rotos, con desperfectos y demás… Me tocó sentarme en la última fila y ¡OJO! No critico el espacio, porque si la política de la empresa dice que si quieres más espacio tienes que pagar, pues el que quiera o pueda que se lo pague. Yo hablo de que las últimas tres filas del aparato en cuestión tenían los respaldos rotos, no se mantenían rectos tal y como exige el protocolo de seguridad que te repiten en cada vuelo.

Cuando mides 190 centímetros, encajonarte en el minúsculo espacio supone un reto del tipo Tetris. El nivel de dificultad y de comodidad se complica al máximo cuando además el asiento de delante está roto y no puedes, porque físicamente es imposible, meter las piernas. Si pudieras estirarlas en el pasillo al menos se te pasaría el cabreo pero es que si encima la tripulación te pisa porque te encuentra en su camino y, en lugar de pedirte disculpas o darte alguna estúpida excusa como que en el anterior vuelo un grupo de críos han hecho el cazurro, se han cargado los asientos y no ha dado tiempo a repararlo… Pero no. Ni eso. La respuesta de la tripulación a mis más de 130 euros pagados por el billete fue ignorar el asunto, escurrir el bulto, pasarle el marrón a otro. Eso me hinchó aquello que cuelga a mitad de camino entre la rodilla y el ombligo.

Pero bueno. El finde en Barcelona sirvió para desconectar, lo necesitaba, hacer muchas compras y salir a correr. Pocas veces lo había hecho y acabé muy contento. Desde la plaza Alfons X hasta el hotel Vela, un poco de paseo por el paseo marítimo y regreso significó un total de 20 kilómetros. La verdad que satisfecho y medio. Además he cambiado el programa que a veces uso en el móvil y he empezado a utilizar el Strava. El primer día acabé contento, ya os iré comentando. Si me queréis buscar y agregar… Aunque ya os aviso que al ritmo que voy y la distancia que hago, es probable que no sea el rival que más juego os dé.


En fin, lo dicho. Un buen cabreo puede ser el mejor caldo para un entrenamiento de cojonudo. O, como lo llamo, runoterapia.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Kilómetros haciendo el payaso

Definitivamente soy un payaso. Un corredor payaso, ‘Clowunner’ puede que lo llamen los americanos que tienen nombre para todo. Cuando salgo a correr sin ganas el cerebro me da vueltas buscando algo con lo que entretenerme y más cuando al kilómetro 3 de un entreno en teoría de 20, el mp3 ‘fa figa’. Y ¿qué pasa si me aburro con una cámara? Que salen chorradas como la del video adjunto.
Van pasando las semanas y parece que los dolores diodenales que me fastidiaron no hace tanto son historia. Hoy (por el domingo 9 de noviembre) he salido a trotar sin ganas y cansado y no han salido 20 por la sencilla razón de que tenía trabajo y tenía que volver cuanto antes a mi centro de operaciones especiales. Pero si que han salido 12-14 a un buen ritmo y con una progresión de menos a más en cuanto a sensaciones.

La verdad es que quedarme sin música me ha fastidiado porque me suelo poner podcast de programas de radio sobre todo de Milenio 3 que me ayudan a pensar en muchas cosas menos en correr. Para hoy había reservado el programa que hicieron con motivo de Halloween y me he tenido que quedar con las ganas… Así que esta semana me tocará salir a correr más días para poderlo escuchar… Son tres horas de programa.

Focaccia de jamón y queso + Zumo de Naranja... BRUTAL
Físicamente me encuentro bien, sigo con los problemas con la comida pero poco a poco voy controlándome más y mejor. Uno de los hándicaps que tiene este proyecto de correr las trails de Formentera, Serra Tramuntana en Mallorca y Camí de Cavalls en Menorca es que lo he tomado con mucho tiempo de antelación y puede que ese amplio margen de entrenamiento afecte a la autoexigencia. Lo notará también mi entrenador de FX Advance, Xavi Martos, al que tengo algo abandonado últimamente pero es que mis día a día son una locura. Sé que me quedan más de tres meses para los 75 kilómetros de Formentera y por lo tanto mi cuerpo anda medio relajado pero está todo controlado. No falta motivación, falta tiempo.

También el máster que estoy estudiando no ayuda a tener tiempo… Lo poco que me queda es a unas horas intempestivas y en las que únicamente apetecen dos cosas… Dormir o estar pegándote un fiestote de los antológicos. Últimamente ando escaso de lo uno y de lo otro y me siento muchísimo más de lo que quisiera delante del ordenador.

Una de las cosas que os recomiendo es que probéis los desayunos de la cafetería Antartida en la plaza Biosfera, en Maó. No es que sean deliciosos, es que curan agujetas y toda la tralla que le hayáis pegado a las piernas.

Pero, como decía Serrat, “Todo pasa, todo queda” y en unos meses seré, además de licenciado en Periodismo y Comunicación y runner de pacotilla, masterizado para dar clases. No sé si lo lograré nunca pero es un reto que me apasiona.



Para los tecnoadictos y los high-tech-lovers, os dejo una foto de la ruta que en teoría he hecho con la distancia y los tiempos que en teoría me ha salido según runkeeper… Ya sabéis, el típico domingo que sales a correr, te vienes arriba y en poco más de una hora haces 54 kilómetros a un ritmo de 1:10 el kilómetro. Lo típico. El mundo, definitivamente, está loco. Me encanta.