Vale. Lo siento. Mil o dos mil perdones. Sé que llevo días saltándome nuestra cita pero las cosas se han complicado de un tiempo a esta parte. Como sabrás, me apunté a un máster que me exige más tiempo del que me imaginaba y las fórmulas matemáticas que debo aplicar para cuadrar los horarios con la jornada laboral hacen que o no entrene o entrene mal. Porque sencillamente hay días en los que me despierto a las 7 de la mañana y entre curro y clases no paro hasta las 21.30... Con una hora para comer mal y rápido. Pero en el fondo no me quejo porque: 1- No es mi estilo. Y 2- Cuanto más difícil estén las cosas más disfrutaré al final logrando mi objetivo.¿Y si tanto tiempo llevabas callado, para qué te dejas caer hoy aquí y ahora? Primero para disculparme por fallarte. No habrá vídeo hoy tampoco, aunque tengo uno preparado desde noviembre que seguramente colgaré en el próximo post. Otra excusa es que son la 1 de la mañana de uno de esos días maratonianos que te explicaba (he dormido apenas 5 horas, he trabajado desde las 9 a las 14 horas, de las 16.30 a las 21.30 he estado en el Máster y de las 22 a la 1 de la mañana he tenido que volver al diario a completar mi jornada laboral) y en estos momentos cuando estoy a solas en la redacción acostumbro a ponerme música que me acompañe. Sirve para calmar la fiera que llevo dentro y que lleva un buen rato encabronada porque hoy tampoco he cumplido con el plan de entrenamiento previsto que consistía en correr mucho y rápido.
Para calmarla, a veces me pongo ritmos más animados y otras apuesto por canciones 'noñas', de esas con las que te sientes identificado. No os explicaré qué viene a decir ahora aunque si que os diré que es una de Joan Dausà, un cantautor catalán que he descubierto mucho estas Navidades (casi tan bien como los turrones) y que últimamente me acompaña mucho. Habla de cosas tristes e imposibles, de decisiones que quizás tomaste en algún momento y de qué habría pasado si hubieras apostado al otro caballo ganador, y hasta aquí puedo escribir. La de hoy es una melodía sencilla, bucólica de esas que te lleva tan y tan hondo que cuando te das cuenta, no puedes hundirte más y la única opción que te queda es la de levantarte y volver de nuevo a escalar. Huir hacia adelante. Mirarle a los ojos a la vida y decirle aquello de que por muy difícil que me lo ponga, saldré adelante. Que no será bonito, que no será fácil pero sin duda valdrá la pena. Susurrarle que "Nobody said it was easy..." y todas esas cosa que se dicen sin decir.
Así que si has aguantado hasta aquí la lectura, sin fotografías y sin vídeos te tendré que recompensar de alguna forma. Intentaré desde este ordenador destartalado y cansado de escribir noticias tristes robarte una sonrisa, una sonrisa más... Ahora que no nos lee nadie, te confieso un secreto: No estoy preparado ni para terminar la Ultra de Formentera, ni la de la Serra de Tramontana ni, por supuesto, los 185 kilómetros de Camí de Cavalls. No he entrenado lo que debía, no he adelgazado lo que pensaba y no he conseguido, al menos de momento, todo lo que me había propuesto. Habrá quien que se alegre de mi miseria, de verme desnudo ante un reto que antes de empezar ya se me ha quedado grande, porque otros muchos se visten con la envidia que es un traje que le queda ideal a cualquiera. Desgraciadamente.
Puede que estas palabras, que empiezan a ser muchas -Lo siento, de nuevo- estén marinadas por la melancolía musical que me acompaña pero me doy cuenta que entre tantas dudas, entre el cúmulo de inseguridad que me abraza, de la infinidad de capas de "debería haber hecho..." arde una llama diminuta. Una pequeña luz que, a pesar de su tamaño, ofrece un calor intenso. Habrá quién lo llame pasión. Y es esa pasión la que me empuja a afrontar el próximo 28 de febrero la Trail de Formentera con más corazón y cojones que cabeza, una estrategia que tendré que repetir en la Trail de la Serra de Tramontana y, ni falta que hace decirlo, en los 185 kilómetros de Camí de Cavalls. ¿Y sabes qué? Que cada vez que me vacío corriendo, que lo doy todo y acabo exahusto de donde no debería quedar nada surge, otra vez, esa pequeña llama. Ese fuego que me empuja cuando lo normal sería enviarlo todo a paseo. Y confío que será ese fuego, ese abrazo sincero, el que me lleve en volandas hasta cualquier meta que se me ponga por delante. En una carrera y, por supuesto, en la vida.
Porque sino, ni tú estarías aquí ni yo le habría puesto de nombre a este proyecto #DinoHero. ;)

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