| A poco de llegar al kilómetro 40, con el faro de la Mola al fondo. |
Lo hice. Me zampé los 75 kilómetros de la Formentera Trail
All Round 2015 con una alegría y un estado de forma sorprendente. Os prometo
que al acabar me sentía tan bien y con tantas fuerzas que hubiese seguido
corriendo un rato más, si no fuera por el kilo y medio de arena que arrastraba
en las zapatillas del último e inacabable tramo de playa. Pero qué puñetas…
¡Cómo me divertí! Todas las penurias que he pasado rascándole horas al tiempo
para salir a trotar, durmiendo poco y mal y todo lo que hace realmente difícil
dedicarse a este deporte desde el aspecto más amateur que conozco valieron la
pena. Vaya si valieron…
La llegada a Formentera en sí ya supone una auténtica odisea. Parece mentira que solamente para ir de Menorca a Formentera tenga que coger dos vuelos y un barco y tardar, aproximadamente seis horas. Es el tiempo que pasé en el aire yendo de Barcelona a Dubai. Y además, ya sabéis la tirria que le tengo al tema de volar y de coger aviones.
| Formentera presentaba un aspecto precioso este año. |
Eolo, el dios del viento, se lo tuvo a bien conmigo y cuando
todo parecía que iba a hacer un mal tiempo de narices, rebajó el listón para
que el vuelo de Menorca a Palma fuera tranquilito. Además compartí rato con los
corredores Antonio Gálvez, Zori Gomila y Vanesa Ruíz, los tres un verdadero
encanto. Con ellos comimos ya en Palma una deliciosa ración de ‘trash food’ de
aeropuerto y casi perdemos el vuelo comentando la jugada.
Eolo me dejó tirado en el segundo vuelo ya que en Eivissa
preparó unas rachas de tres pares de narices que movieron el avión de lo lindo.
Lo mejor fue que en el asiento de salida de emergencia el que tenía al lado y
yo nos debatíamos en una feroz lucha por ver quién de los dos estaba más
acojonado. Un percal… No articulamos palabra hasta que las ruedas tocaron el
suelo pero durante el vuelo bastaron las caras para decirnos todo lo que
necesitábamos oír.
| Yendo a Formentera. |
En Eivissa la hermana de Antonio nos llevó hasta el puerto
donde tomamos un ferri hacia Formentera. A diferencia de 2013 cuando vine por
primera vez, el mar estaba muy calmado ya que el viento y la mala mar estaban
al otro lado de la Isla. Como podéis ver en el video grabado con el móvil,
había viento pero no olas. En el ferri me encontré con María, una amiga mallorquina
que conocí hace unos años en Menorca, y que se había apuntado a los 39KM con un
grupo de amigas muy simpáticas con las que compartimos consejos, nervios,
alegría y pizza.
Una vez en Formentera, primer gran error, viajar sin el
carnet de conducir. Menos mal que Víctor Truyol es un encanto, además de un
buen amigo, y cogió el coche él dejándomelo. Y menos mal porque el apartamento
que alquilé estaba tan lejos del puerto que por momentos pensé que ni siquiera
estaba en Formentera… Eso si, estaba en primera línea de mar en una playa
preciosa por la que al día siguiente iba a pasar cagándome en todo lo
imaginable. Aproximadamente kilómetro 28-29 de la carrera.
| Lleno total en el brieffing. Más de 400 participantes. |
YA EN LA CARRERA.
| La playa de Migjorn, las vistas desde el apartamento que alquilé |
Me desperté con tiempo, a las 6 de la mañana, desayuné y
pasee un poco por la playa antes de ir a la línea de meta. De tan relajado que
estaba, casi llego tarde. Una vez allí, las piernas tiraban un poco imagino que
por los nervios. Me encontré con Antonio, Zori y Vanessa, así como con Zeus y
su novia. Me hizo gracia porque fui a clase con Zeus en el instituto y creo que
ninguno de los dos nos hubiésemos imaginado por aquel entonces corriendo este
tipo de pruebas. Nos hicimos la foto de rigor y nos deseamos mucha suerte.
| Vanesa, Antonio, Zeus y yo. Foto hecha por Zori. |
Con los nervios, casi me olvido de encender la GoPro…
Supongo que en unos días colgaré el vídeo ya que todavía tengo que descargarlo,
editarlo y colgarlo. Os enteraréis, no os preocupéis.
La salida a las 8 en La Savina, coincidiendo con el sol, fue espectacular. Deliciosa. Sentí una absoluta felicidad porque después de cuatro meses durísimos en los que llegué a pensar en arrojar la toalla me encontraba allí haciendo lo que quería aunque pensaba que quizás no lo suficientemente preparado. “Ningú t’espera a meta, tens 14 hores per córrer 75 kilòmetres i t’aniràs trobant avituallaments per lo que només t’has de preocupar d’anar tirant… Disfruta perquè t’ho mereixes”, creo que me dije antes del pistoletazo de salida. Y eso hice.
| S'Estany d'es Peix, una maravilla para correr. |
Antonio, Vanesa y yo salimos juntos desde un primer momento, pero Antonio tenía en mente hacer tiempo por lo que pronto se escapó. Yo me quedé con Vanesa y me convencí de que aguantaría hasta que el cuerpo me frenase. Los primeros kilómetros son espectaculares, la mejor vista en la que he corrido, en el Estany d’es Peix. Una laguna tranquila y transparente en la que es fácil correr y poco a poco vas cogiendo sensaciones.
Los primeros 20 kilómetros del trazado son bastante corribles
aunque por momentos te metes en camino de piedras sueltas que te hace andarte
con cuidado con las pisadas. El camino no está marcado como el Camí de Cavalls
sino que se hace con tiras rojas y blancas de obra que el viento esconde con
demasiada facilidad, un aspecto a mejorar por parte de la organización.
| Foto con el gran Víctor Truyol en el primer avituallamiento. |
Como las piernas y el cuerpo me pedían tute, aguanté el
primer tramo con Vanesa a un ritmo de unos 5.15 creo, muy por encima de mis
posibilidades. Pero lo aguanté bien y por momentos pensé en seguir toda la
carrera a ese ritmo hasta dónde llegase pero en el primer avituallamiento pensé
en disfrutar como a mí me gusta, compartiendo la experiencia con fotos en
Facebook, charlando con los voluntarios (ÁNGELES DE LA GUARDIA sin los que nada
de todo esto sería posible) que salvaguardan cada punto de parada… Por lo que
le deseé toda la suerte del mundo (Hizo un carrerón y acabó segunda en féminas...ENHORABUENA!!) y me quedé con Víctor, comentando la jugada y
colgando la primera foto a los piés de una de las torres de defensa.
Después vino lo complicado. Tras un tramo de camino con
piedras, tocó meterse por varios barrancos en los que no se podía correr y se
castigaban muscularmente las subidas, sobre todo en los cuádriceps, un aspecto
que como siempre no tengo suficientemente entrenado. Ese esfuerzo sumado al del
inicio y al asfixiante sol que ya lucía sobre las 10 de la mañana propiciaron
que bebiera mucho, muchísimo, y me quedé pronto sin agua y sin que me pudiera
entrar nada de comida, a unos 7 kilómetros del avituallamiento, cuando se
cambió la roca por la arena. Además, no tener agua creo que me afectó en la
orina y me empezó a salir de un tono marrón preocupante. Estaba en la playa de
Migjorn.
| Chiringuito en el que en 2013 me comí una de las mejores hamburguesas de mi vida... |
En Es Caló des Morts, kilómetro 32.1, me entraron los
calambres, las malas ideas y tampoco ayudó el hecho de pasar por delante de mi
apartamento ya que no estaba disfrutando y no podía correr. Pensé que para
retirarme bien, tenía que llegar al siguiente punto y más porque no llevaba la
llave de la casa encima, estaba en el punto 40.4 aproximadamente. Caminé mucho
hasta el avituallamiento y una vez allí me senté a meditar qué hacía.
Mentalmente estaba seguro de que no había entrenado suficiente pero después de
todas las complicaciones no quería arrojar la toalla. Me merecía intentarlo más
allá de los límites, así que me hidraté todo lo necesario, me obligué a comer,
charlé con los voluntarios y me armé de valor después de aplicarme un poco de
radiosalil a las piernas. Efecto placebo o no, la cuestión es que funcionó.
Reanudé el rumbo con un compañero de Mallorca Evasión Run, creo, que tenía
problemas estomacales y fuimos a un ritmo flojo.
El tramo hasta el siguiente punto era una cuesta por pista
larga y sin sombra pero poco a poco fui recuperando el optimismo y las ganas de
correr hasta el punto de ir adelantando corredores. Llegué al faro de La Mola
donde todo lo veía más claro y con muchas más ganas.
| Uno de los boles de pasta y los sanitarios atendiendo a un corredor al fondo en una carpa improvisada. Hubo varios golpes de calor. |
Me regalé dos boles de pasta con aceite que me dieron vida
mientras veía a un corredor se desplomaba y tenía que abandonar la carrera con
un golpe de calor. Después de lo que me había pasado entre el 28 y el 32 la
verdad es que me dio muy mal rollo. Tras la pasta, como si de un menú de
carretera se tratara, me comí un par de pastelitos de bollería industrial de
postre, me cambié la camiseta y enfilé la segunda parte de la carrera como si
la primera parte no contara.
| El segundo tramo de carrera pasa por unos acantilados preciosos... Al fondo, Es Caló. |
Y estoy muy orgulloso, no lo negaré. No por los 12 o 13
corredores que adelanté en esos 34 kilómetros sino por cómo reaccionó mi cuerpo
y, sobre todo, mi mente. Me sentía muy bien físicamente y mentalmente, con
ambición de seguir corriendo, de avanzar y disfrutar con cada zancada. Lo bueno
de ese tramo es que corres en lo alto de un acantilado y las vistas son
espectaculares, lo malo es el suelo. De hecho, un compañero asturiano con el
que corrí un rato se pegó una buena leche con una raíz traicionera aunque pudo
seguir.
| Torre de Punta Prima. |
Pasamos por roca, tierra y luego asfalto, con una bajada por
una vía romana en la que volé hasta llegar al avituallamiento de Es Caló, donde
Víctor me dio ánimos como siempre. Me quedaba pasar un rato de arena hasta
llegar a la Torre de Punta Prima, en el kilómetro 58 y el último punto de
recarga hasta llegar a meta.
Los últimos 13 kilómetros se repartían en 8 de arena y el
resto de pista. En 2013 los de arena se me hicieron eternos, recuerdo que tenía
la sensación de que no avanzaba y en esta ocasión llegaba más fuerte
mentalmente y con la satisfacción de haber superado la pájara del principio. Ir
adelantando corredores también te da fuerza así que prácticamente corrí toda la
arena hasta llegar al control de chip en el final de la playa de Ses Illetes.
Una vez allí reconozco que sentí algo de pena y nostalgia.
Me sabía mal lo poco que me quedaba de tiempo de carrera pero a la vez tenía
ganas de saborear de nuevo esa adictiva sensación de cruzar la meta. El coraje
pudo a los sentimientos y empecé a correr desde allí hasta la meta. Fui
superando corredores que antes me habían adelantado lo que hacía que aumentara
progresivamente el ritmo. Me sorprendí, lo admito, porque no soy un corredor
competitivo pero en ese momento quería seguir corriendo para adelantar a gente
que iba visiblemente cansada.
Me acordé de mi padre, como sucede cada vez que hago algo
especial en mi vida. Me acordé de su memorable frase “Si t’has apuntat ho has
d’acabar” i me lo imaginé allá arriba con su cigarro brindando a mi salud con
un “ditet de gin, d’aquell que no fa mal”.
| Por si a alguien le interesa el tiempo que tardé. |
Cruzar la meta fue especial. Ver como se cumplen tus
objetivos después de unos meses muy difíciles y saborear de nuevo el sabor de
la superación personal… Estoy enamorado de Formentera y lo reconozco. Pero no
de la Formentera turística sino de la salvaje, de la que te ofrece una ruta sin
marcar, la que te exige superarte ante la adversidad, la que te obliga a ser
mejor de lo que te imaginabas. Ni os imagináis lo feliz que me hace correr.
| Cuando cumples tu objetivo te sientes como un súper héroe. |
Esta carrera me ha enseñado que no importa lo complicado que se pongan las cosas, con actitud positiva y verdaderas ganas de superar cualquier problema, podemos ir siguiendo hacia adelante porque nadie dijo que todo esto iba a ser fácil...
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